La Juventud y Partidos Políticos en Paraguay: ¿Una relación en Crisis?

Luego de haber acompañado y analizado diversas campañas electorales en Paraguay, podemos observar un distanciamiento manifiesto entre la juventud, la política y los partidos políticos. Esta disociación no es meramente anecdótica, sino que se ve reflejada en datos concretos como los proporcionados por diversas investigaciones sociológicas e investigaciones sobre la participación de los jóvenes en la política y los partidos políticos paraguayos y la confianza hacia ellos.

El Latinobarómetro revela una tendencia alarmante: la desafección política entre los jóvenes paraguayos va en aumento. ¿A qué se debe este fenómeno? ¿Acaso los partidos políticos no están ofreciendo los espacios necesarios para que la juventud se involucre y participe activamente?


“Los datos del Latinobarómetro 2023 confirman este distanciamiento. En Paraguay, apenas el 40 % de la población apoya la democracia, mientras un 27 % es indiferente y otro 27 % se inclina hacia opciones autoritarias. Entre los jóvenes (16–25 años), los números son aún más preocupantes: solo el 43 % prefiere la democracia, el 30 % es indiferente y un 20 % cree que un régimen autoritario podría ser mejor. Además, solo un 18 % considera que los partidos políticos funcionan bien. Incluso, un 58 % afirma que la democracia puede existir sin partidos. Estos datos muestran que los partidos, en lugar de ser espacios de inclusión, hoy son vistos con desconfianza y como estructuras cerradas que no responden a las aspiraciones de la juventud.”

Los jóvenes de hoy demandan más que discursos y promesas en tiempos electorales. Los jóvenes buscan espacios donde puedan ser escuchados, que se los valore y sobre todo, quieren espacios donde sus preocupaciones e ideas puedan transformarse en acciones concretas dentro de los partidos políticos. Lamentablemente, la realidad hoy nos muestra que esos espacios son limitados, e inclusive en otros casos, son excluyentes.

La representación y participación de las juventudes en los partidos políticos paraguayos hoy atraviesan varios problemas estructurales. En primer lugar, existe una desconexión entre las estructuras de poder internas de los partidos y las nuevas generaciones. Las decisiones son tomadas por las viejas guardias que no siempre representan los intereses y las perspectivas de los jóvenes. Esta falta de representación genera una sensación de alejamiento y desinterés ocasionadas por el adultocentrismo.

Además, los jóvenes encuentran barreras para acceder a roles de liderazgo y toma de decisiones dentro de los partidos. Las estructuras jerárquicas y los procesos internos dificultan la integración efectiva de nuevas voces y talentos que están buscando ser escuchados y ocupar espacios. Como resultado, muchos jóvenes prefieren canalizar su energía y entusiasmo hacia movimientos sociales, ONG’s o iniciativas independientes que les permitan mayor autonomía y capacidad de acción.

Estamos ante una realidad que obliga a los partidos políticos a analizar esta situación, y puedan actuar en consecuencia. Ya no basta con atraer jóvenes durante las campañas electorales con estrategias de marketing. Es necesario abrirles las puertas a la participación política, ofreciendo espacios reales de influencia, decisión y acción, estableciendo mecanismos transparentes que fomenten la inclusión y la diversidad generacional, que es clave para la continuidad de los procesos de toda democracia.

El futuro de la política y la democracia paraguaya depende en gran medida de cómo se aborde esta desconexión entre la juventud y los partidos políticos. Si no se actúa de manera proactiva y efectiva para involucrar a los jóvenes, corremos el riesgo de perpetuar un ciclo de desencanto y apatía que podría poner en riesgo la legitimidad y la representatividad de nuestras instituciones democráticas en un futuro no muy lejano, teniendo en cuenta el porcentaje de población joven que hoy tenemos en Paraguay.

Resumen.
La pregunta que debemos hacernos no es si la la relación de la juventud y los partidos políticos están en crisis, sino cómo podemos transformar esta crisis en una oportunidad para revitalizar y fortalecer nuestra democracia. Es hora de que los partidos políticos en Paraguay tomen acciones, y se comprometan profundamente con la inclusión generacional y construyan un futuro político donde todos, independientemente de su edad, puedan tener voces y votos significativos.

Este desafío no es solo una responsabilidad de los partidos políticos, sino de toda la sociedad paraguaya que aspira a construir un país más justo y representativo. La juventud está lista para ser parte del cambio; ¿están listos los partidos políticos para abrirles las puertas?

El más reciente Ranking de Imagen Positiva de Presidentes Sudamericanos, elaborado por CB Consultora Opinión Pública, expone cómo la percepción ciudadana moldea la marca política de los mandatarios de la región. El estudio, realizado entre el 14 y 20 de junio de 2025, encuestó entre 1 040 y 1 554 personas por país, con un margen de error de ±2 % a 3 % y un nivel de confianza del 95 %.

Contexto internacional y resultados principales
Según los resultados, varios presidentes registran índices particularmente bajos de aprobación. Gustavo Petro (Colombia) alcanza alrededor del 37 % de imagen positiva, mientras que Nicolás Maduro (Venezuela) desciende al 23 %, con un 73 % de desaprobación. Aún más críticos son los casos de Dina Boluarte (Perú), con apenas un 18 % de respaldo, y Luis Arce (Bolivia), con un 17,8 % de apoyo ciudadano. Medios internacionales como Infobae han subrayado que Boluarte se ubica como la presidenta con peor imagen en Sudamérica, con niveles de desaprobación cercanos al 80 %.

Impacto en la percepción pública
Para un lector internacional, este panorama sugiere varias implicancias. En primer lugar, el desgaste de legitimidad democrática: los bajos niveles de aprobación reflejan frustración ciudadana y un debilitamiento de la confianza institucional. En el caso de Perú, la crisis de legitimidad de Boluarte se ha convertido en un factor central de la inestabilidad política.

En segundo término, se observan ventajas y desafíos regionales. Para líderes como Maduro o Arce, las cifras refuerzan percepciones de desconexión con la ciudadanía o estilos de gestión percibidos como autoritarios. En contraste, mandatarios con mejores evaluaciones, como Daniel Noboa en Ecuador o Javier Milei en Argentina, evidencian cómo distintos estilos de liderazgo —desde enfoques populistas hasta gestiones más tecnocráticas— impactan de manera directa en la valoración pública.

En resumen, el ranking de junio de 2025 sitúa a varios presidentes sudamericanos entre los peores evaluados en términos de imagen, lo que refleja no solo tensiones domésticas, sino también consecuencias en la marca política que cada mandatario proyecta hacia la región y el mundo. Estas cifras ofrecen una radiografía del estado actual de la gobernabilidad sudamericana y anticipan los retos que cada país enfrentará en su vínculo entre liderazgo, legitimidad y opinión pública.

La pobreza aumentó casi 8 puntos desde diciembre, y cada vez más familias necesitan ayuda para subsistir.

La semana última Argentina vivió dos hitos: por primera vez en más de una década, el ministerio de Economía anunció que hubo superávit fiscal. Es decir, que se recaudó más de lo que se gastó, algo que ha ocurrido en poquísimas ocasiones en este país sudamericano.

Poco tiempo después, el prestigioso Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) dio a conocer una cifra que dejó helados a muchos: estimó que la pobreza en enero superó el 57%, el peor índice desde la crisis de 2001/2. Estos datos reflejan las dos caras de la Argentina de Javier Milei, el economista libertario que asumió en diciembre pasado prometiendo sanear la economía del país, que lleva décadas entrando y saliendo de crisis, y reducir la inflación, que hoy es la más alta del mundo.

En apenas dos meses Milei ha logrado cumplir con su meta de «déficit cero», es decir, dejar de tener las cuentas en rojo. Y los mercados muestran su satisfacción:
Los bonos y acciones argentinos están en alza, el dólar libre (o «blue») se ha estabilizado y el llamado “riesgo país” -un índice que muestra la confianza en la capacidad de un Estado para pagar su deuda- está en su nivel más bajo en dos años, todas señales de que el rumbo macroeconómico va por buen sendero.

Fuente: https://www.bbc.com/mundo/articles/cnknnwqn4z3o

Fuente Fotografía: Wikimedia Commons (dominio público/Creative Commons)

Argentina está nuevamente en modo electoral. Este sábado 2 de septiembre comenzó formalmente la campaña para las elecciones generales del 22 de octubre, cuando los argentinos elegirán a su próximo presidente.

Una jornada en la que cada voto será clave. Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 13 de agosto mostraron una paridad entre las tres principales fuerzas electorales, con menos de tres puntos porcentuales de diferencia entre la primera y la tercera más votada.

En ese contexto hay casi 13 millones de votos “disponibles” (votantes habilitados que no asistieron, votos en blanco e impugnados y los de quienes eligieron a aspirantes que no superaron el umbral del 1,5% necesario para competir en las generales) que pueden definir quién será el próximo presidente. “La diferencia es muy chiquita y lo que hay disponible puede cambiar el resultado”, señala la politóloga Ana Iparraguirre, aunque advierte que los votos a los que efectivamente puedan apelar los candidatos sean bastante menos.


Los resultados de las PASO

La semana pasada, la Justicia Electoral dio a conocer el escrutinio definitivo de las PASO: la Libertad Avanza, el partido que llevaba como único aspirante al diputado populista de derecha Javier Milei, finalmente obtuvo el 29,86% (un poco menos del 30,04% que establecía el escrutinio provisorio). Juntos por el Cambio (JxC), que tenía dos precandidatos -la vencedora de la competencia interna Patricia Bullrich y el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta- bajó del 28,27% al 28%, y la coalición oficialista Unión por la Patria, también con dos aspirantes, casi no tuvo variación: del 27,27% del escrutinio provisorio terminó con 27,28%.

El voto en blanco representó el 5,44% de los emitidos y hubo otro 1,24% impugnado.
Pero esta elección también tuvo un nivel de ausentismo récord, a pesar de que en Argentina el voto es obligatorio. Casi 10,5 millones de personas habilitadas no concurrieron a votar y la participación apenas superó el 70%, la más baja desde el retorno de la democracia en 1983, exceptuando las PASO de 2021, realizadas en el contexto de la pandemia de covid-19, cuando votó cerca del 68% del padrón electoral.

En números, había 35.394.425 personas habilitadas para votar, de las cuales concurrieron 24.935.583. Es decir, 10.458.842 no acudieron a las urnas. A eso hay que sumarle 1.356.480 votos en blanco y 309.807 impugnados. Luego hay que agregar otros 744.484 votos a fuerzas que no superaron el 1,5% de los votos y no pueden participar de las generales de octubre.

Todo eso da un total de 12.896.613 votos de personas que, por distintos motivos, en las PASO no eligieron a ninguna de las cinco fórmulas presidenciales que quedaron habilitadas para las elecciones del 22 de octubre. Eso no significa que todas esas personas efectivamente vayan a votar en las próximas elecciones.

Si bien desde el retorno de la democracia en Argentina la participación ciudadana en las elecciones siempre ha estado por encima del 70%, según datos del Observatorio de Política Electoral del Ministerio del Interior, las cifras más altas se registraron en los comicios de los años 1983 y 1989, cuando superó el 85%. Luego, la participación ha fluctuado: en las últimas tres elecciones presidenciales (2011, 2015 y 2019) el porcentaje fue del 79,39%, 81,07% y 80,47%, respectivamente.

¿Cuántos votos, efectivamente, podrían capitalizar los candidatos?

“Hay un porcentaje de gente que su manera de manifestarse en las elecciones es no ir a votar”, explica Iparraguirre, quien, con base en los datos de la Dirección Nacional Electoral, realizó una proyección para las próximas elecciones, tomando en cuenta las variables de las primarias y cómo se ha comportado el electorado argentino en elecciones anteriores.

“Siempre el voto en blanco disminuye y la participación aumenta en las elecciones generales respecto de las primarias”, afirma la politóloga, que estima que los votantes en blanco podrían reducirse del 5% al 2%, y que la participación podría aumentar 5%, llegando al 75%.

Sumando estos posibles votos que se agregarían, más los de los precandidatos que no superaron el 1,5% en las PASO, hay un universo de más de 3 millones de votos potenciales, según la politóloga, que representan casi el 9% del padrón de electores habilitados. “Teniendo en cuenta que la diferencia entre las primeras tres fuerzas es tan chica, este porcentaje de votos es muy relevante”, explica Iparraguirre.
Luego, habría que ver cómo se acomodan esos votos y allí empiezan las especulaciones. “Uno podría pensar que los que no votaron en las primarias están enojados, y si ahora votan podrían preferir a Milei o Bullrich por sobre el oficialismo”, continúa la politóloga. Por el contrario, los votos de los partidos que no llegaron a las generales, en su mayoría de izquierda, podrían estar más cerca de Massa que de sus contrincantes.

También hay que tomar en cuenta que el Frente de Izquierda participará de las generales tras obtener el 2,68% en las primarias, y quizás logre capitalizar algunos “enojados” y otros votantes de izquierda.
Hay más factores que influyen. ¿Podría haber fluctuación política? Sí, pero Milei fue el único precandidato en su contienda interna, con lo cual podría retener la gran mayoría de sus votos “porque son solo suyos”, apunta Iparraguirre, en contraposición a lo que sucede con sus principales contendientes, Patricia Bullrich y Sergio Massa.

Del 28% de los votos de Juntos por el Cambio en las primarias, solo el 16,81% correspondió a Bullrich. El 11,19% restante votó por Rodríguez Larreta y habrá que ver cuántos de esos votos se mantienen en esta fuerza política, que ha tenido una competencia interna muy confrontativa.

Lo mismo sucede, aunque en mucha menor medida, en el oficialismo. Del 27,28% de Unión por la Patria en las PASO, el actual ministro de Economía obtuvo el 21,43% de los votos. Fue el segundo precandidato más votado en estas elecciones, superando individualmente incluso a quien terminó siendo la candidata de JxC. Sin embargo, él tendrá que tratar de retener al 5,85% de los votos que cosechó su contrincante en la competencia interna, Juan Grabois.

Faltan menos de dos meses para las elecciones, en los que habrá que ver qué sucede con la economía, la política y cómo se desenvuelven los candidatos, para ver si alguno logra ganar en primera vuelta. En Argentina, para ser electo presidente en la elección general, el candidato más votado debe obtener el 45% de los votos o al menos el 40% y una diferencia de 10 puntos con el segundo postulante. En caso contrario habrá balotaje el 19 de noviembre.

Fuente: https://cnnespanol.cnn.com/
Foto: http://libertas.uy

El fenómeno político en torno a Javier Milei, el candidato de derecha antisistema surgido en los últimos años en Argentina, ya no puede ser descrito como una novedad: el aspirante presidencial viene en franco ascenso al menos desde haber obtenido una banca como diputado en 2021.

Pero tras haberse convertido en el candidato más votado en las PASO de este domingo, Milei parece haber dado otro contundente salto más, dejando una estela de incertidumbre entre las fuerzas políticas tradicionales y, aún más, en la golpeada economía del país.

«Creo que el principal atractivo (de Milei) es una visión antisistema, una visión anticasta», dijo a CNN Juan Negri, doctor en Ciencia Política y director de la carrera de Ciencia Política y Gobierno en la Universidad Torcuato di Tella. «También el mensaje optimista de que el ajuste no lo hace la sociedad, sino que lo hacen los políticos —todos lo demás están diciendo otra cosa— y ahí se explica buena parte de su triunfo», agregó.

Milei obtuvo el 30,04% de los votos en estas Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), siendo el candidato más votado en el país (su fuerza política, La Libertada Avanza, también fue la más votada). La coalición Juntos por el Cambio obtuvo el 28,28% (16,98% para Patricia Bullrich, ganadora de la interna, y 11,3% para Horacio Rodríguez Larreta), mientras que el oficialista Unión por la Patria logró el 27,27% (21,4% para el actual ministro de Economía, Sergio Massa, que ganó la interna, y 5,87% para Juan Grabois.

¿Puede ganar Milei las elecciones en Argentina?

Ya se esperaba un buen desempeño de Milei en estas elecciones, pero pocos anticipaban que fuera el candidato más votado. Alejandro Corbacho, doctor en Ciencia Política y profesor en la Universidad del CEMA, dijo a CNN que «Milei tiene un discurso muy simple, su mensaje atiende a necesidades inmediatas de la gente y se presenta como el candidato anti establishment, pero no anti sistema; en un país que lleva 20 años de malos gobiernos, esto es atractivo para los votantes».

«Esta es una paliza descomunal al gobierno kirchnerista de un candidato outsider, casi antisistémico, que arrasó. Se está pinchando, si no se pinchó, lo que llamamos la marea rosa latinoamericana”, consideró, por su parte, Andrés Oppenheimer, conductor de CNN en Español.

El escenario electoral, sin embargo, sigue estando marcado por la incertidumbre de cara a las elecciones generales del 22 de octubre y la segunda vuelta, de ser necesaria, pautada para el el 12 de noviembre: las tres principales fuerzas políticas en Argentina han logrado cada una cerca del 30% de los votos, y se espera que en los próximos comicios aumente la cantidad de votantes (la participación fue del 69% del padrón, por debajo de lo normal, y otra manifestación del mismo enojo de los votantes que ha llevado también al voto por Milei, según Corbacho).

La competencia es, ahora, por cuáles dos fuerzas políticas avanzarán al balotaje. Esto se debe a que en Argentina para ganar en primera vuelta un candidato debe obtener el 45% de los votos o el 40% y una diferencia de 10 puntos con el segundo. Con los números del domingo, se trata de un escenario poco probable, y la expectativa es por cuáles dos de las tres fuerzas en pugna accederán a la segunda vuelta.
«La definiría como una elección de tres con gran incertidumbre, porque lo que hace seis meses era un hecho, hoy ya no lo es», expresó Corbacho. «Entonces tenemos un partido que nadie conoce, ni nadie sabe cómo puede funcionar. Tenemos un partido de gobierno que debería perder por lógica y sin embargo, por errores del principal partido de oposición podría ganar. Y el partido que debería haber ganado, por el mal desempeño del gobierno, no logró imponerse con holgura suficiente», agregó.

Así, todo lo que ocurra de aquí hasta octubre estará marcado por el discurso, la agenda y, en definitiva, las expectativas en torno a Milei, un candidato polémico y ajeno al sistema tradicional de partidos de Argentina que promete —amenaza, para sus detractores— cambios profundos y estructurales en un país afectado por la alta inflación, el estancamiento económico y el aumento de la pobreza, entre otros problemas.

María O’Donnell, conductora del programa Conecta2 en CNN en Español, señaló que “si al triunfo de Milei se le suma el triunfo de Patricia Bullrich vemos que emergen una derecha y una extrema derecha con mucho potencial electoral”.

“(Es) la irrupción de una novedad en el sistema con una fuerza muy impensada”, dijo, agregando que el desempeño del domingo sería «el piso» de Milei, cuyo apoyo podría seguir aumentando.
Los efectos económicos de las elecciones, al menos, ya se notan: la cotización oficial del dólar subió de 300 a 365 pesos, más del 20%, un día después de las elecciones, y el Banco Central de Argentina subió la tasa de referencia a 118%, 21 puntos por encima de la referencia anterior.

¿De dónde viene Milei?

Javier Milei es un economista autodefinido como «liberal libertario» y nacido en 1970, que en su juventud intentó ser jugador de fútbol profesional en Argentina y que se muestra como un amante de los perros —tiene cinco mastines ingleses a los que considera parte de su familia— y mantiene una relación estrecha con su hermana Karina quien, según lo anticipó el candidato, ocuparía el lugar de primera dama si él llegara a ser presidente.

De acuerdo con el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la ciudad de Buenos Aires, Milei se licenció en Economía en la Universidad de Belgrano y tiene posgrados cursados en el Instituto de Desarrollo Económico y Social y en la Universidad Torcuato Di Tella.

Ha sido, según esta fuente y entre otros cargos, profesor universitario y economista jefe en el Estudio Broda y en Máxima AFJP, una empresa administradora de jubilaciones que desapareció durante la reforma del sistema previsional impulsada por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en 2008. También se desempeñó como economista principal en la Corporación América, una importante empresa fundada por Eduardo Eurnekian y dedicada, entre otras actividades, a operar aeropuertos en Argentina y la región.

Milei se convirtió en una figura conocida para el gran público a partir de sus apariciones en medios de comunicación de Argentina como panelista y comentarista ligado al libertarismo, que crecieron en importancia y cantidad a partir de 2018.

Desde sus primeras participaciones en televisión y radio, el ahora candidato presidencial se caracterizó por la promoción de ideas liberales y libertarias, su marcado perfil político de derecha y por la búsqueda constante de la polémica, con el foco puesto en políticos y economistas a los que describe como parte de una «casta» centra en la obtención de cargos públicos, y con fuertes críticas a los partidos más importantes de Argentina, principalmente el peronismo, y su variante «kirchnerista», pero también los opositores de Juntos por el Cambio.

En 2020, en medio de la pandemia de covid-19 —cuando se mostró muy crítico de las medidas tomadas por el presidente Alberto Fernández—, Milei anunció que competiría en las elecciones de 2023, y en 2021 su partido recién formado —La Libertad Avanza— consiguió dos bancas en el Congreso, una de las cuales ocupó el economista.

Este perfil confrontativo y antisistema le ha dado buenos resultados, hasta ahora, en un electorado aparentemente cansado de los fracasos políticos de los últimos gobiernos. Maria O’Donnell analiza la sorprendente victoria de Javier Milei «Hay claramente una desafección política en buena parte de la sociedad, sobre todo los sectores más jóvenes, que no ven futuro. Ya gobernó el peronismo, ya gobernó Cambiemos (Nota del editor: nombre anterior de la coalición Juntos por el Cambio) también y lo único que han recibido del Estado, del Gobierno, son fracasos y mucha impericia, sobre todo», consideró Negri. Corbacho también destacó que los jóvenes «están empezando a pensar que su futuro se está evaporando». «En el fondo ese voto está mostrando que ya no es de protesta, es el voto de los indignados, que son muchos a pesar de no tener estructura de partido ni presencia histórica», dijo.

¿Cuáles son las ideas de Milei?

Las propuestas insignia de Milei tienen que ver con uno de los problemas más apremiantes de Argentina: la inflación, que en junio de 2023 llegó a un 115,6% anual.

Casi desde el principio de sus apariciones mediáticas, y aún más desde el inicio de la campaña, Milei ha propuesto dolarizar la economía del país y «dinamitar» el Banco Central, una referencia a restaurar la independencia del organismo para fijar la política monetaria, tras años de expansión de la base monetaria, o de lo contrario desarticularlo.

También ha prometido reducir impuestos y flexibilizar las relaciones laborales, reducir el gasto público, quitar mpuestos y barreras de importación y privatizar empresas públicas, entre otras medidas.
Pero Milei ha tenido otras propuestas polémicas por fuera de la economía y vinculadas a las derecha en Argentina, como desregular la portación de armas de fuego, bajar la edad de imputabilidad de menores de edad y militarizar las cárceles.

El candidato también se ha mostrado en contra del aborto y la educación sexual integral en las escuelas, e incluso a favor de propuestas muy polémicas como la venta de órganos, aunque finalmente no incluyó esta propuesta en su plataforma de campaña.

Para Negri, en definitiva, «es bastante irrelevante» lo que Milei diga. «Acá se da algo parecido a lo que pasó con Trump: la oposición se lo toma literal, pero no se lo toma en serio, y los votantes no se lo toman literal, pero sí se lo toman en serio, es decir, lo eligen como una alternativa a lo que tienen, independiente de lo que diga. Lo votan a pesar de las propuestas que tiene», dijo.

De cualquier manera, su buen desempeño electoral del domingo no pasó desapercibido entre diferentes fuerzas de derecha de la región y de Europa. Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente de Brasil Jair Bolsonaro, y José Antonio Kast, excandidato a la presidencia de Chile, felicitaron a Milei a través de sus redes sociales.

Cómo así también lo hizo Santiago Abascal, presidente del partido de derecha Vox en España, y el partido Hermanos de Italia, de la actual primera ministra Giorgia Meloni, mediante un comunicado citado por la agencia ANSA.

Con información de Manuela Castro, Damián Martino y Betiana Fernández Martino.
Fuente: https://cnnespanol.cnn.com/
Fotografía: https: https://www.pagina12.com.ar/

Mario Riorda es Politólogo y activista de la comunicación política. Presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales (ALICE). Director de la Maestría en Comunicación Política de la Universidad Austral. Fue Decano en la Facultad de Ciencia Política y RRII de la Universidad Católica de Córdoba. Participó en más de 160 procesos electorales y ha asesorado a más de 80 gobiernos de todos los niveles en América Latina en cuestiones de estrategia y comunicación política. Especializado en gestión de crisis. (@marioriorda)


Silvia Fontana es Politóloga y Doctora en Política y Gobierno. Actualmente Secretaria de Investigación de la Universidad Católica de Córdoba. Directora Nacional de Planeamiento para la Asistencia en Emergencias en el Ministerio de Defensa de la República Argentina (2017-2019). Docente e Investigadora. Especialista en gestión del riesgo de desastres. (@silvifontana)
Son autores del libro «La política del riesgo» (Ed. La Crujía, 2022)

Entrevistado por MARINA ISUN

“Aunque el riesgo cero es deseable, en el actual contexto resulta inalcanzable. El riesgo se puede reducir pero no eliminar”. ¿Cómo podemos reducir riesgos? ¿Hay algún secreto?

MR: ¿Sabe lo que escribió la comisión que estudió sobre si eran prevenibles los ataques del 11S en los Estados Unidos? “Creemos que los ataques del 11-Se revelaron cuatro tipos de fallas: en imaginación, política, capacidades y administración”. Dijo que la imaginación no es un regalo generalmente asociado con las burocracias; que lo visto era diferente a todo lo que el gobierno había enfrentado antes; que la información no se compartió, a veces inadvertidamente o debido a malentendidos legales; que el análisis no fue agrupado: que no se lanzaron operaciones efectivas.

¿Sabe cuál era el riesgo máximo que el gobierno británico pronosticaba desde 2017? Una pandemia. Esto deja una enseñanza, y es que además de todos los aportes técnicos en la prevención del riesgo que existen, que son enormes e incalculables, la voluntad política debe luchar contra la inercia y el acostumbramiento.

SF: La gestión del riesgo de desastres como política pública es una decisión política, y si bien el riesgo cero no existe, sí es posible mitigar los daños que puedan ocurrir implementando una política de gestión integral del riesgo de desastres. La complejidad del riesgo se edifica sobre cuatro elementos vinculados entre sí: la peligrosidad, la exposición, la vulnerabilidad y la incertidumbre por lo que su gestión se torna fundamental fortalecer la necesidad de reducir la vulnerabilidad individual y colectiva, y en general, la exposición al riesgo.

No existe el riesgo cero, pero sí es posible mitigar las consecuencias que puede generar un fenómeno para evitar un desastre. La etapa de la planificación es clave, y si a esta etapa se le suma una buena preparación para todas las fases, la probabilidad de ocurrencia y el grado de daño será menor.

Asimismo, el principal punto dentro de las estructuras organizacionales consiste en que estas estén dotadas de una mayor flexibilidad en cuanto a su conexión con los diferentes actores, pero que a su vez se centralice la gestión del riesgo de desastres como una forma de gobernar y no meramente como un área de gobierno. Aquí se hace presente la transversalización de las políticas públicas para gestionar el riesgo de desastres.

¿En su opinión, qué tipo de gobiernos asumen más riesgos?, ¿la ideología influye en ello?

MR: Cualquiera que no asume al riesgo como política pública, pone en riesgo a la ciudadanía. En su definición más profunda, el riesgo es prevención, es construcción social preventiva. Es evitar el mal, el dolor, el peligro, una amenaza, dejar expuesta a la ciudadanía a sus vulnerabilidades. Por ende, la negación del riesgo es asumir riesgos, la ignorancia de los riesgos es asumir riesgos. Se está muy cerca de posturas negligentes.

En ocasiones se suele afirmar que los liderazgos femeninos gozan de ciertas aptitudes más proclives a la empatía, el consenso y el acuerdo. Silvia Fontana, ¿cree que existe una correlación entre el liderazgo femenino y la gestión de crisis?

SF: El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres destaca el rol de las mujeres como agentes de cambio, planteando que debería promoverse el liderazgo de las mujeres.

Asimismo entre sus principios manifiesta que “La participación de las mujeres es fundamental para gestionar eficazmente el riesgo de desastres, así como para diseñar, dotar de recursos y poner en práctica políticas, planes y programas de reducción del riesgo de desastres con perspectiva de género; es necesario que se adopten medidas de creación de capacidad con el fin de empoderar a las mujeres para la preparación ante los desastres y de desarrollar su capacidad para asegurar medios alternativos de vida en situaciones posteriores a los desastres”.

La pandemia ha mostrado que los países gobernados por mujeres han tenido más éxito tanto en la reducción de la transmisión de COVID-19 como en la cantidad de muertes confirmadas por COVID-19 que los países con gobiernos conducidos por hombres.

El riesgo global más allá que existía antes de la pandemia, pero en la actualidad se ha metido en la vida de todos los estados, llevará a una nueva redefinición de los liderazgos mundiales, como también en las maneras de gobernar.

Mami Mizutori, Representante Especial del Secretario General para la Reducción del Riesgo de Desastres y Jefa de UNDRR, plantea que “el liderazgo se trata de ser capaz de ver lo que sucede a tu alrededor y pensar: ‘¿Cómo puedo mejorar esto?’”. De eso se trata la empatía, el consenso y el acuerdo.
Ustedes señalan el liderazgo como uno de los ingredientes a la hora de gestionar. ¿Qué cualidades debe tener un líder para ejercer un buen liderazgo?

SF: En el marco de la gestión del riesgo de desastres la actitud principal del liderazgo político es su humildad para convocar a un trabajo coordinado y articulado no solo con la oposición sino con todos los actores del sistema, ya que solo con el trabajo interdisciplinario y escuchando a los que saben se tomarán las medidas adecuadas. Frente a situaciones complejas es importante contar con la experiencia y el conocimiento de diferentes especialistas, sumado a ello apelar al consenso de los líderes de diversas instituciones, involucradas con los resultados.

La empatía es otro de los rasgos distintivos en este tipo de situaciones, ya que el contacto con la población será constante. Frente a la gestión del riesgo de desastres un líder político debe: huir del silencio, trasladar la máxima información posible, tener cercanía con los medios de comunicación, brindar mensajes transparentes, trabajar articuladamente con todos los sectores, lograr la transversalización de las políticas públicas, etc., por ello la empatía del líder es fundamental.

Asimismo, se torna relevante que el líder pueda visualizar la necesidad de planear con cuidado y evaluar las acciones. Son momentos en los que los recursos son escasos y la necesidad de uso de los mismos debe ser eficiente. Un líder con capacidad de estrategia y no solo operacional es fundamental.
Ante esta situación los líderes políticos deben evitar la miopía del «síndrome del búnker», es decir evitar el aislamiento decisional.

MR: En brotes epidemiológicos, la comunicación desde el liderazgo, cuando se hace bien, crea confianza en las autoridades. No importa tanto la popularidad del liderazgo sino que el efecto del riesgo comunicado mejore la disposición de las poblaciones a cumplir con las medidas recomendadas y acelere el retorno a las condiciones deseadas. El problema es que el tiempo produce relajamiento y auto complacencia porque todo se rutiniza. Es importante la gestión colectiva, horizontal, con sociedad estratégicas y que el liderazgo no crea que es su oportunidad de ser un héroe, sino más bien el facilitador o coordinador de voluntades sociales que implicarán, necesariamente, cambios de hábitos o de conductas, por ende, se necesita asumir el consenso como construcción social antes que imponerlo vertical y jerárquicamente. Los liderazgos deben suma voluntades coordinadas para la acción, apela al conjunto. Admite mucha horizontalidad y cooperación. El gobierno no debe perder su rol rector/administrador/decisor pero sí incorporar sociedades estratégicas en la gestión, especialmente a la sociedad. Requiere de institucionalidad. Su ausencia produce una descoordinación operativa.
Las autoridades deben comunicar los riesgos al público de la manera más fiel posible. Hacer lo contrario es antidemocrático. Si un gobierno manipula las percepciones de riesgo, otorga a otros la licencia para hacer lo mismo. Decir lo que se sabe y lo que no. Tres guías: transparencia, responsabilidad y escucha. Ante duda, una regla cardinal: es preferible optar por el criterio del exceso de alarma que subestimar el daño o las consecuencias.

Recientemente, hemos vivido una pandemia que ha afectado a todo el mundo. Una situación que llevó a todos los gobiernos a aplicar su manual de gestión de crisis y pudo ver como se desarrollaban acciones en contextos más o menos parecidos. ¿Cuál sería según usted un buen ejemplo de gestión de crisis, comunicativamente hablando, en escala global?

SF: Estuvimos y aún estamos, aunque en menor escala, frente a una crisis sanitaria que nos atravesó y nos atraviesa a todos como humanidad. Un poco como manifestamos en la pregunta anterior estamos convencidos de una redefinición de los liderazgos políticos. Y si no es así, poco habremos aprendido como sociedad luego de semejante crisis vivida.

El nuevo líderazgo político post pandemia no puede desoír el contexto que nos atraviesa. Consideramos que las características del nuevo líder se irán redefiniendo con el tiempo que durará este contexto de crisis, que está mostrando que no será corto. Esta crisis no es solo sanitaria sino también económica, social y política. Nuestros gobernantes deben entender la multidimensionalidad de los fenómenos, más producidos por la presencia de un riesgo, y que sin un enfoque de gobierno integral ya no se puede seguir gobernando. La implementación de verdaderas políticas transversales será una competencia ineludible del gobernante post pandemia.

MR: hubo casos de éxito donde se pudo controlar la pandemia. Uno de ellos es Nueva Zelanda. Es efectiva como política del riesgo, pero depende de culturas sostenidas en la confianza pública como Nueva Zelanda o países nórdicos. Hubo una experiencia latina, que fue Antanas Mockus como alcalde de Bogotá quién decía: “Primer anillo de seguridad, tu conciencia. Segundo anillo –si tu conciencia falla– tus vecinos, amigos y colegas. Si la autorregulación y la mutua regulación no bastan, policía y justicia. Pero en ese orden”. Quizás es simple, pero habla de cambio de conducta, habla de construcción social y habla también de un estado como actor de última instancia ante el peligro.

Pero vuelvo a Nueva Zelanda: ella tiene una condición de insularidad que permitió el control del covid-19. Más allá de que es cierto geográficamente, el activo más potente que tiene Nueva Zelanda, como recién sostenía, es la confianza pública. Uno confía en su gobierno. Todo el mundo tiene un código QR. El país posó la gestión digitalmente hablando de la pandemia a través de la alerta o el sistema de emergencias de alerta para tsunamis. Además, se dice «no hay que salir a tal hora» y la gente se queda en la casa. Si debo darle el dato al gobierno para que tenga trazabilidad de mi vida cotidianamente por si de golpe estoy contagiado, puedan básicamente seguir todo mi circuito de vida a lo largo de un día o más.

Recientemente hemos vivido las elecciones presidenciales en Chile, Colombia y Costa Rica, más adelante vendrán las de Brasil. Mario Riorda, ¿Cómo presidente de ALICE, que lecciones podemos sacar en comunicación política? ¿Qué cree que veremos en las elecciones venideras?

MR: Vemos plebiscitos emocionales violentos y sobreideologizados; vemos un discurso binario y retro donde fascismo y comunismo están a la orden del día; vemos personalismos más potentes que su espacios partidarios o coalicionales; vemos que la batalla se da en la interacción constante entre redes y territorio; veo victorias que se deslegitiman rápidamente porque los consensos son precarios; veo mucha declaración de fraude preventivo por las dudas (“por las dudas pierda”); veo poquísimas propuestas; veo muchísima desinformación. En definitiva, veo unas campañas muy, pero muy diferentes a las que conocíamos.

Fuente: https://beersandpolitics.com/
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En una crisis sanitaria de este tipo, no importa tanto el régimen político como la eficacia del Estado y la administración pública.

En condiciones normales, el aserto churchilliano de que la democracia es la mejor forma de gobierno posible una vez ensayadas todas las demás nos parece solo una fina y brillante ironía de ese político heterodoxo que fue Winston Churchill. Pero en circunstancias como las actuales, cuando las democracias luchan por sobrevivir a una crisis sanitaria global, la pregunta de si son más o menos eficaces que los sistemas autoritarios cobra toda actualidad.

Tomemos el caso de China. Su respuesta inicial fue lenta porque a pesar de tener un gran aparato estatal y mucha autoridad, no sólo dejó pasar la crisis de largo sino que incluso sancionó por difundir falsedades a los médicos que dieron la alarma. Con ello, confirmó algo que Amartya Sen había ya demostrado hace tiempo sobre por qué las hambrunas tendían a ser más agudas en los regímenes autoritarios: la ausencia de medios de comunicación, opinión pública y elecciones regulares hacía menos responsables y más lentos en reaccionar a políticos y funcionarios. Es algo que vimos también en la URSS con motivo del accidente nuclear de Chernóbil: las dictaduras despojan de autoridad a técnicos y profesionales y a cambio les infunden temor hacia los políticos, lo cual tiende a empeorar las crisis por el miedo a las represalias.

«En Europa, pese a tener sistemas democráticos y recursos económicos, no teníamos una experiencia anterior a la que referirnos»

Sin embargo, tampoco podemos decir que las democracias hayan reaccionado mejor. EE.UU. y el Reino Unido, cunas de la democracia liberal, están siendo caóticos y desorganizados en su reacción, y España e Italia han reaccionado tarde y mal, no anticipando con tiempo ni el impacto sanitario, ni el social ni económico. Los chinos taparon los casos al principio, pero una vez que se movilizaron lo han hecho con una eficacia demoledora –incluso atemorizadora–, en cuanto al nivel de control social que han demostrado ser capaces de ejercer gracias a la tecnología. Mientras, muchas democracias están demostrando haber perdido un tiempo precioso para reforzar sus sistemas sanitarios cuando aún estaban a tiempo.

Muy probablemente, la conclusión sea que, en una crisis sanitaria de este tipo, no importa tanto el régimen político como la eficacia del Estado y la administración pública. China, Singapur y Japón, con sistemas que varían mucho entre sí –autoritario, iliberal y liberal– han reaccionado bien por dos razones: tienen estados que funcionan y ya había pasado por una crisis similar, el SARS, que les había dejado una serie de lecciones y protocolos de actuación. En Europa, por el contrario, pese a tener estados capaces, sistemas democráticos y recursos económicos, no teníamos una experiencia anterior a la que referirnos así que no solo se ha improvisado, sino que se ha aplicado una respuesta inicial de normalidad pensada para ataques terroristas cuando la situación era exactamente la contraria. Así que el jurado no ha dado todavía su veredicto sobre quién es más eficaz.

Fuente: ethic.es

Fotografia: www.dw.com ; Jorge González/Flickr. Algunos derechos reservados.

Autor: José Ignacio Torreblanca es Profesor Titular en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y Doctor Miembro del Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones. Ha sido becario del Programa Fulbright Unión Europea-Estados Unidos, Profesor en la George Washington University en Washington D.C. así como investigador en el Instituto Universitario Europeo de Florencia.

Se dice que las crisis son un verdadero escaparate para los liderazgos. Se sale bien o se sale mal. En estos momentos, echando un vistazo a diferentes países y diferentes líderes, hay diversas maneras de afrontar la crisis del coronavirus. Cada líder mundial ha decidido la suya, que puede ser mejor o peor según nuestra opinión pero que, en esta situación de crisis excepcional, para la que no existen protocolos -como sí los hay para atentados o catástrofes naturales- es la que ellos y ellas han creído conveniente. A toro pasado ya veremos qué funciona y qué no, pero es interesante observar las diferencias comunicativas.

Para preguntarme sobre cómo comunica cada líder, me entrevistó la gran Nuria Sans en RNE. Hablando de cada líder, se me ocurrió una palabra que resumiera -en mi opinión- su actuación hasta el día de ayer. Cada día cambian las cosas (hoy mismo a Boris Johnson le han detectado coronavirus) y cada día puede cambiar también el modo en que estos líderes comunican. Aquí mi listado con mis impresiones actuales.

El optimista. Boris Johnson, el primer ministro británico, sería el máximo exponente. Su objetivo principal, y tal vez utópico, viéndolo con la perspectiva del tiempo, era mantener la población mayor lo más sana posible, a la vez que intentaba mantener sana la economía británica. Sus mensajes, constantes, tenían que ver con consejos para la ciudadanía: mantener distancias, higiene… Es interesante que usó la política pop para usar esta estrategia. Ya el 5 de marzo participaba en magazines televisivos donde concedía entrevistas y aprovechaba para informar sobre lo que hacer y mostrarse tranquilo. Toda esta comunicación más optimista y relajada cambió el pasado viernes, cuando ya ordenó el confinamiento durante tres semanas. Las razones de su cambio de opinión son obvias: las potenciales cifras de víctimas con esa estrategia no eran asumibles, tampoco políticamente.

La humana. La presidenta alemana, Ángela Merkel, podría entrar en esta definición, aunque he dudado -mucho- en denominarla como “la pesimista”. El 18 de marzo, en su único discurso televisado en 15 años (excepto los de las navidades) anunció que si no se actuaba rápido, entre el 60 y 70% de la población alemana contraería el virus, y que se enfrentaban al momento más complicado desde la segunda guerra mundial, con lo que eso significa en el imaginario alemán. También habló de tranquilidad y solidaridad, de comprar racionalmente y lo que se necesite. Al día siguiente se filtró una imagen suya en un supermercado comprando: en su carro de la compra, algo de comida y algunas botellas de vino. El estar confinada por si se había contagiado ha menguado obviamente su presencia, pero no ha dejado de participar y tener presencia en esta crisis.

El general. Emmanuel Macron se ha tomado la crisis como una guerra. Literalmente. El 16 de marzo hacía un solemnísimo discurso televisado, donde su lenguaje era totalmente bélico: esto es una guerra. Guerra sanitaria, económica, social, institucional y cultural, lanzando medidas -impresionantes en ese momento- para cada una de esas guerras. Este frame de guerra no lo ha dejado de usar en toda la pandemia, en sus discursos y en sus contenidos (imágenes con ejército, tomando decisiones, yendo a visitar “los campos de batalla” que son los hospitales…). Anteayer, hablaba de una nueva operación militar, y la bautizaba “operación resilience”. Como un general en tiempos de guerra, la presencia de Macron es constante. Ha personalizado en él la mayoría de mensajes y ejerce de líder en una gran batalla épica.

El pionero. Si un líder europeo ha sido pionero en esta crisis ha sido, para desgracia suya, Giuseppe Conte, el primer ministro italiano. Como buen primerizo, tuvo muchísimos errores comunicativos cuando los contagios y muertes se extendían por el norte de Italia, primero, y luego por todo el país. En esos primeros días llegó a filtrarse un documento de medidas de confinamiento (ya que se las habían enviado a 60 personas) que hizo que mucha gente del norte saliera hacia otros puntos del país. Ese mismo día, Conte hizo la increíble cantidad de 16 ruedas de prensa, incluyendo una a las dos de la madrugada, para acallar rumores (según su versión, lo hizo para que esas palabras aparecieran en prensa a primera hora). Pero, a partir de esos primeros días, Conte se transformó de primerizo a pionero. Ha ido informando adecuadamente y tomando medidas. Destacan sus discursos, muy trabajados y que él revisa personalmente, con frases para la historia como “Permanezcamos alejados hoy para abrazarnos con más fuerza mañana”. Este mes, su índice de aprobación había aumentado un 4%.

El nacionalista. Si escuchamos cualquier discurso de Donald Trump lo reconoceremos, aunque le cambiemos la voz. En estos días, esos discursos no han cambiado. Y se ha hecho protagonista. Si en momentos de crisis se busca liderazgo y presencia, Trump es un ejemplo perfecto, con ruedas de prensa diarias, de una o dos horas, rodeado de expertos (incluyendo figuras médicas reconocidas). Además, su tono, más optimista -al estilo Johnson- cambió el pasado 16 de marzo, ya con un tono más serio y solemne. Está luchando una guerra también, pero no de ataque, sino que lucha defendiendo a los Estados Unidos contra un enemigo exterior: el virus chino, las malas decisiones de la Unión Europea, el desagradecimiento europeo que no compra sus mascarillas… Y para ello usa un lenguaje que encuadra constantemente ese mensaje, especialmente lo de “virus chino”. En cualquier caso, Trump dio tres semanas (ya que todo mejorará) para tomar decisiones porque, como también ha advertido, el remedio no puede ser peor que la enfermedad. Y la enfermedad es el debilitamiento económico estadounidense.

Veremos si la crisis se hace más persistente y cómo se enfoca. En cualquier caso, anteayer, una encuesta de Gallup lo situaba en un 49% de aprobación de su mandato, la más alta desde que es Presidente. Por lo que respecta a su gestión con la crisis del coronavirus, tiene un 60% de aprobación. A destacar que seis de cada diez independientes la aprueban, al igual que  el 27% de los votantes demócratas.

El educador. Justin Trudeau era profesor mucho antes de ser político. En esta crisis, se está notando. Fue de los primeros líderes en tomar medidas contra el Covid-19, ya el 11 de marzo, cuando la crisis casi ni había llegado al Canadá. Desde entonces, incluso aún estando en cuarentena por el positivo de su esposa, no ha dejado de dar consejos y generar contenidos sobre la necesidad de la separación entre personas, de medidas de higiene, de auto confinamientos, y de indicar que van a ser semanas o meses duros. Lo más interesante son sus conferencias diarias ante los medios (sin preguntas), que son seguidas por ruedas de prensa de diferentes ministros en la misma sala, y con una portavoz médica, la doctora Theresa Tam.

Hemos visto seis modos de encarar comunicativamente el liderazgo, pero hay muchísimos más. Como indicaba al inicio de este texto, las crisis son un verdadero escaparate para los liderazgos. Veremos qué tipología de liderazgo es la acertada. Pero lo veremos en unas semanas, con suerte.

Fuente: www.xavierpeytibi.com

Fotografía: www.sabercompetir.com

Autor: Xavier Peytibi; Politólogo, especializado en relaciones internacionales (Universitat Autónoma de Barcelona + último año en la Università da Firenze). Soy DEA en Sociedad de la información y el conocimiento, Master en sociedad del conocimiento, Posgrado en cultura de paz y Posgrado en estructura de la Unión Europea.

El presidente ruso defiende la estructura del Consejo de Seguridad de la ONU y la capacidad de veto de sus miembros permanentes para garantizar la paz

Las reformas del sistema de relaciones internacionales deseadas por Vladímir Putin miran hacia el pasado. En un artículo difundido en vísperas de los festejos del 75º aniversario de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, el líder ruso ha propuesto revalidar el sistema que privilegió a los vencedores de aquella contienda y les dio el derecho de veto como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Recordando la conferencia de Yalta, celebrada en febrero de 1945, y otros foros que configuraron el orden de posguerra, incluido el reparto y división del territorio, Putin ha exhortado a los líderes de Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y China a reunirse para abordar los retos actuales a partir de la “memoria común” de la última contienda mundial.

El presidente ruso asiste este miércoles al desfile militar conmemorativo de la victoria en la Segunda Guerra Mundial que, debido a la pandemia, se celebra en la Plaza Roja con un mes y medio de retraso respecto a la fecha oficial (el 9 de mayo). La propuesta de reafirmar el sistema establecido en 1945 culmina un largo artículo difundido en la página de web del Kremlin y publicado recientemente en inglés en la revista The National Interests bajo el título “75 años de la Gran Victoria: la responsabilidad común ante la historia y el futuro”.

“Una serie de conferencias —Teherán, Yalta, San Francisco, Potsdam— fueron la base para que el mundo, pese a las agudas contradicciones, haya vivido 75 años sin guerra global,”, escribió Putin. “El principal logro de Yalta y otras decisiones de aquel tiempo consistió en crear un mecanismo que permite a las principales potencias resolver las diferencias que surgen entre ellas sin abandonar la vía diplomática”, sentenció el presidente. En el temario que Putin plantea a los antiguos aliados y China figura el reforzamiento de la seguridad global y regional, el control de armamento, la lucha contra el terrorismo y el extremismo y la superación de la crisis económica.

“El deber de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial” es “garantizar” que el sistema surgido entonces “se mantenga y se perfeccione”, afirma Putin. El Consejo de Seguridad, prosigue, fue una estructura elaborada para dar garantías concretas y eficaces de paz y así apareció la institución de los miembros permanentes y el “derecho de veto como privilegio y responsabilidad” y “como única alternativa razonable al choque frontal entre las grandes potencias”.

En su artículo, Putin se centra en las alianzas del pasado y no menciona una eventual reforma del Consejo de Seguridad que dé más relevancia a zonas del mundo que no están permanentemente representadas, como África y América Latina.

En diferentes ocasiones, el mandatario ruso ha dado su visión personal sobre temas históricos. En su artículo sobre la guerra de 1939-1945, Putin actúa como un malabarista, al omitir o alterar episodios significativos de las relaciones germano-soviéticas hasta la invasión nazi del 22 de junio de 1941. Más allá de los datos cuestionables o rebatibles, el texto de Putin es políticamente relevante, pues reivindica los privilegios de una victoria obtenida hace 75 años e insiste en la necesidad de un sistema de seguridad colectiva, cuya ausencia después de la Primera Guerra Mundial “se pagó con millones de vidas y pérdidas colosales” en la Segunda.

Putin no se pronuncia sobre la necesidad de cambios organizativos en las estructuras supranacionales para asimilar las grandes transformaciones que se han operado en el mundo a raíz del fin de la Guerra Fría, tales como la reunificación de Alemania en 1990 y la desintegración de la Unión Soviética en 1991. Tampoco aborda la necesidad de incrementar el nivel de representación de nuevos actores en otros continentes.

Putin justifica el pacto germano-soviético de agosto de 1939 y sus protocolos secretos, a tenor de los cuales Alemania y la URSS se repartieron Polonia, el Báltico y el territorio europeo que mediaba entre ellas. La conferencia de 1938 en Múnich (Alemania, Italia, el Reino Unido y Francia) que permitió a Berlín anexionarse los Sudetes y dividir Checoslovaquia convenció a la URSS de que “Occidente resolvería sus intereses sin ella”, escribe Putin, de lo que deduce que podría existir un “pacto germano-británico”. “A diferencia de otros (…) Stalin no se manchó con un encuentro personal con Hitler”, escribe Putin.Las insinuaciones de Putin no tienen una base documental. Los historiadores no han encontrado indicios de semejante pacto y, al igual que Stalin, ni el británico Winston Churchill, ni el presidente estadounidense Franklin Roosevelt se encontraron personalmente con Hitler. Dando a entender que la URSS actuaba con más recato que Alemania a la hora de cumplir su trato, Putin sostiene que la URSS no ocupó todo el terreno que le permitían los protocolos secretos. No explica, sin embargo, que ello se debió a un intercambio de territorios por el que Alemania obtuvo parte de la región de Varsovia y Lublin y la URSS recibió Lituania. Putin se refiere a la anexión del Báltico como “incorporación legal” a la URSS, no menciona las deportaciones de población a Siberia en los territorios anexionados ni tampoco el exterminio por parte del NKVD de la élite de la oficialidad polaca en los bosques de Katyn.

La interpretación autocomplaciente de la historia y la revisión de capítulos aparentemente ya cerrados son cada vez más frecuentes en el dirigente ruso. Este fin de semana, Putin ha provocado inquietud al referirse a las “tierras rusas” que, según él, están en poder de los países vecinos. En el programa Rusia Kremlin Putin, de la primera cadena de televisión, el líder ruso se refirió a la creación y disolución (1922 y 1991, respectivamente) de la Unión Soviética y dijo que “si una u otra república se incorporó a la URSS, pero recibió una enorme cantidad de tierras rusas, de territorios históricos tradicionalmente rusos, y luego decidió salir de esta unión, entonces debe salir con lo que vino y no llevarse consigo los regalos del pueblo ruso”. Según el presidente, las repúblicas de la URSS carecían de mecanismo para realizar el derecho a abandonar aquel Estado, estipulado en el tratado fundacional de 1922. Putin no mencionó que, espoleado por la secesión imparable de las repúblicas bálticas, el Soviet Supremo de la URSS (el Parlamento soviético) aprobó en abril de 1990 una ley de procedimiento para abandonar la Unión Soviética. Aquella ley no llegó a aplicarse porque la URSS se desintegró en diciembre de 1991.

El mensaje de Putin tal vez sea una manifestación patriótica retórica. Sin embargo, la anexión de Crimea en 2014 indica que no conviene menospreciar sus palabras, pues Rusia no respetó los numerosos documentos firmados con Ucrania, incluido un tratado de amistad, donde reconocía la integridad territorial de aquel país. El analista Arkadi Dubnov, especializado en Asia Central, se preguntaba cómo iba a acoger Kazajistán las palabras de Putin sobre los “regalos del pueblo ruso”, teniendo en cuenta que los territorios septentrionales de aquel país han sido reivindicados por sectores nacionalistas rusos. Según Dubnov, “no hay que sorprenderse de la política exterior pluralista de Kazajistán”, donde “Rusia ya no es la hermana mayor más querida” y donde la Unión Euroasiática (grupo de países, entre ellos Kazajistán, Rusia, Bielorrusia y Kirguizistán) es vista como un “instrumento del desvergonzado dominio ruso”.

Fuente: https://elpais.com
Autor: Pilar Bonet
Fotografía: https://elpais.com

Los debates electorales han sido, desde su presentación en medios tradicionales de la política moderna, un agasajo para los apasionados de la comunicación política.

Los neófitos pueden pensar que un debate electoral lo gana quien más ataca, quien mejor confronta, quien deja sin palabras al adversario, pero eso no es del todo cierto.

En sentido estricto, un debate electoral no se gana ni se pierde, porque no cuenta con una mesa de jurados que pudieran calificar ¿quién construyó mejores argumentos? ¿quién estableció los mejores silogismos?

Tampoco existe una mesa de jurados que penalice a quien no tuvo la capacidad lingüística y argumentativa suficiente para echar abajo lo que sostuvo el otro.

A veces existen mesas de análisis posteriores al debate, pero tampoco podemos decir que sean del todo apegadas a las reglas del debate tipo parlamento británico.

Es decir, el modelo tradicional de los debates políticos suele ser donde todos los contrincantes a un cargo de elección popular responden preguntas formuladas por un moderador o moderadora, quien les va dando el uso de la palabra con determinadas especificaciones de tiempo, orden y derecho a réplica.
Entonces, establecemos que nadie gana ni pierde un debate: los seguidores de un candidato dirán que su líder lo ha ganado y los detractores, dirán que lo ha perdido.

Quizá sólo pierde el debate quien no acude al debate, porque siempre se ganará al dar la cara a los ciudadanos y responder preguntas, aún cuando sus habilidades oratorias no sean las mejores, siempre será preferible acudir al debate que no hacerlo.

Y si ya ha decidido el equipo del candidato o candidata acudir al debate, lo mejor es recomendarle el ejercicio y práctica de tres tipos de argumentos:

1.- Argumento histórico: consiste en investigar todo lo relativo al tema, buscar los orígenes de la propuesta, las personas que pudieron haberlo propuesto anteriormente, las personas que lo echaron abajo. Analizar a profundidad el contexto histórico en que se está presentando la propuesta y el contexto social e histórico en que inicia o da origen al statu quo. Se recomienda que el argumento histórico sea con el que se dé inicio el debate. Es decir, ¿cuál es el origen de la propuesta o la idea? Y ¿cuál es la situación actual que se vive? Y ¿por qué es necesario proponer o aprobar esa idea?

2.- Argumento estadístico: con este argumento podemos fortalecer al anterior, porque el poder de las estadísticas comprobables y medibles puede fortalecer una idea y digo puede, porque no necesariamente la fuerza con que una mentira sea sostenida por las mayorías puede convertirla en verdad, pero ayuda a abrir el diálogo a escuchar a las mayorías y sobre todo, a las minorías, esas tristes olvidadas de las urnas y de las políticas públicas, pero que pueden terminar por inclinar la balanza en una elección cerrada.

3.- Argumento jurídico: es de vital importancia conocer la ley actual o positivada, es decir, la que se encuentra vigente, la que ya ha sido publicada, porque si queremos llegar a proponer algo que ya existe entonces no sólo haremos el ridículo, sino que le demostraremos al electorado que no estamos capacitados para el cargo al que aspiramos. En esta parte, se recomienda realizar ejercicios de derecho comparado, saber qué leyes o propuestas existen en otros países y cuáles han sido exitosas y cuáles han fracasado.

Por último, es importante recomendarle al político que no se apasione ni pierda los estribos. La capacidad de mantenerse ecuánime, aún cuando todos los asistentes se empeñen en sacarlo de sus casillas, puede ser incluso más valorada por el espectador, que responder a cada embate con bríos renovados.

Hoy en día preferimos políticos que se venzan a sí mismos, que aquellos que venzan en las urnas y se pierdan como personas cuando ya nadie los vea.

Autor: Maricela Gastelu es socia mayoritaria de Imperatoria y autora del libro Oratoria política moderna (@marigastelu)
Fuente: https://beersandpolitics.com
Imagen: https://beersandpolitics.com